MARTIN · para restaurantes
MARTIN es tu libro de reservas.Y trabaja tus ingresos.
Un libro de reservas registra lo que pasa. MARTIN detecta qué hacer después: recupera demanda, asigna la mejor mesa, pide la señal cuando toca y aprende de cada servicio.
Tus clientes · tus datos · tu banco · sin comisión por reserva
Sábado, 21:15. Sala llena. El teléfono suena — y nadie puede cogerlo.
Ahora mismo, un restaurante responde solo. Entra y compruébalo.
Es nuestro restaurante de demostración, con MARTIN de verdad detrás: pides mesa como un cliente y ves cómo te contesta, al momento. Y cuando te dé acceso, tu propia reserva entrando en el panel del dueño.
Sin que te llame nadie. Y cuando quieras hablar de tu caso: quince minutos con quien lo construye, no con un comercial.
Ver el restaurante que responde solo ↓Dos minutos · reservas tú · te contesta él
Y cuando lo hayas visto, haz tu cuenta: lo que hoy te cuesta cada mesa que se cae y cada comisión que pagas, con tus números. Sin registrarte y sin dejar ningún dato, y te llevas el PDF.
Una reserva, de principio a fin
De su móvila tu libro.
Doce personas, un cumpleaños, un celíaco y una señal que decides tú. Es la reserva más difícil que entra en un restaurante: la que no cabe en una mesa, la que nadie puede cerrar solo y la que toca dinero.
Vas a ver el proceso entero, tal como le fluye a ella: una conversación normal, sin formularios. El sistema va recogiendo lo que necesita —cuántos son, cuándo, la alergia, la celebración— y, cuando toca, le pide la señal. Sin que tú hayas cogido el teléfono.
¿y lo que entra por teléfono o por la puerta?
Entra igual.
Lo que llega por teléfono o por la puerta lo apuntas tú, en el mismo libro. Y desde ese momento cuenta como ésta: para las mesas, para la cocina, para lo que MARTIN ve.
Cuanto más vive en el libro, más contexto tiene lo que propone.
¿y si tu cliente no mira el whatsapp?
También por correo.
En las reservas que MARTIN cierra solo, el comensal recibe además la confirmación y el recordatorio en su correo.
El mismo aviso que hoy da alguien de tu equipo, cuando se acuerda.
Quién te contesta a ti
No hace falta convencerte.Pregunta.
Al otro lado no hay un comercial. Está SIANTRA Intelligence, la inteligencia de la casa, preparada para responder sobre SIANTRA y sobre MARTIN.
Pregúntale por los datos de tus clientes, por el dinero, por los límites del sistema, por cómo se implanta — o por aquello que no te haya quedado claro en esta página.
Y si algo no está confirmado, te lo dirá. No está aquí para cerrar una venta inventándose una respuesta. Toca una de estas y llega ya escrita:
SIANTRA Intelligence
en línea
Toca una · se abre tu WhatsApp con ella ya escrita
¿Dónde acaba el dinero cuando MARTIN pide una señal?Enviar ¿De quién son los datos de mis clientes?Enviar ¿Qué no puede hacer MARTIN hoy?Enviar ¿Qué pasa si no sabes responderme?Enviar…o escríbele la tuya: pregúntale algo que no pueda saber.
¿Y si no lo sabe?
No se lo inventa. Te dice qué está confirmado, qué no y, cuando corresponde, lo deja para una persona con el contexto de la conversación ya resumido. Esa misma disciplina gobierna a MARTIN en tu restaurante: una conversación no tiene permiso para inventarse una mesa, un cobro ni una condición que el sistema real no confirme.
Se abre WhatsApp · no te responde un comercial
¿Y quieres ver al que atiende a los clientes — uno con un restaurante entero detrás y el panel del dueño abierto, con tu reserva aterrizando en él? Está ahí abajo, funcionando ahora mismo. Ahí contesta MARTIN, que es otro sistema: éste te responde a ti sobre la casa; aquél atiende a tus comensales y opera tu sala. Sigue bajando.
La prueba, no la promesa
Reserva en HIGA. Y mira, desde dentro, cómo se entera el restaurante.
HIGA no existe: es nuestro restaurante de demostración. Pero su web, su WhatsApp y su panel funcionan de verdad — lo único inventado es la casa. Pides mesa como cliente y ves cómo te contesta. Y con acceso, abres el panel como dueño y ves tu propia reserva entrar en tiempo real. Sin que te llame nadie.
01
Entra en su web y pide mesa
Pulsa su botón de WhatsApp y pide mesa como lo harías en cualquier restaurante: escribiendo o mandándole un audio. El nombre, el que quieras; el email, real — ahí te llega la confirmación, la misma que recibiría tu cliente.
02
Intenta liarlo
No le hagas la reserva fácil. Pídele el sábado a las nueve, cámbiala, mete un grupo imposible, pregúntale por un alérgeno. Cada «no» correcto es la prueba.
03
Ahora ponte del otro lado
Abre el panel del dueño y busca lo que acabas de provocar: tu reserva entrando en tiempo real, la mesa que le tocó —y si quieres saber por qué esa, se lo preguntas a la inteligencia del panel—, la confirmación saliendo hacia tu email.
Reserva como lo haría cualquiera de tus clientes.
Después de reservar
Ahora mira qué ha pasado dentro.
La reserva que acabas de hacer entra en tiempo real en el panel del restaurante, con la mesa, la hora y el contexto que MARTIN ha ido resolviendo durante la conversación — y ese panel es exactamente el que tendrías en tu casa, con tus mesas y tus horarios en vez de los suyos.
Y no solo mira: opera. Desde ahí se mueve una mesa, se aprueba un grupo, se pide una señal y se firma lo que tiene que firmar cocina. Tócalo — es un panel de verdad, no un vídeo.
Pedir acceso al panel →Demo · datos de ejemplo
HIGA es un restaurante ficticio y sus datos son de demostración. Usa el nombre que quieras; deja un email real si quieres recibir la confirmación de tu reserva. El entorno se limpia periódicamente y esos datos no se incorporan a ninguna lista comercial.
Acceso al recorrido completo
No necesitas registrarte.Si quieres verlo entero, te doy acceso.
Te envío un enlace personal. Sin usuario, sin contraseña y sin meterte en ninguna lista.
Dime qué restaurante llevas y te lo envío yo. Hablas conmigo, que lo he construido; no con un comercial.
Qué vas a ver
Entras primero como cliente: haces una reserva real por WhatsApp, como la haría cualquiera de los tuyos. Después cambias de lado y abres el panel del restaurante para ver esa misma reserva aterrizando dentro: la mesa, la hora y lo que MARTIN fue resolviendo por el camino.
El recorrido completo, de comensal a dueño. Sin registrarte y sin instalar nada.
Cómo se usa esto
Aquí no hay tres meses de aprendizaje. Le preguntas y te lleva.
No te vamos a enumerar todo lo que hace. Lo que nos importa es otra cosa: que en cada momento tengas delante lo que necesitas, sin ir a buscarlo.
Le hablas como le hablarías a tu socio o a tu jefe de cocina. Él te lleva donde hay que ir y te dice cómo se usa.
- «Buenas Martín, ¿cómo tenemos hoy el servicio?»
- «Sí, vamos a firmar.»

Tú, en tu panel
12:03 · antes de abrir
Le preguntas cómo va la noche.Y acabas firmando la alergia.
- «Buenas Martín, ¿cómo tenemos hoy el servicio?»
- Te cuenta la noche: quién viene, a qué hora aprieta y qué mesas hay que unir antes de abrir.
- El aviso de alergia del grupo — y de quién es: «no consta quién de los doce».
- «Sí, vamos a firmar.» Y salta él solo al Pase.
- La firma la pones tú. Con un toque.
Grabación real con su voz · el panel de HIGA, nuestro restaurante de demostración
El día de la reserva, antes de abrir, le pides que te cante el servicio. Y te lo canta: el grupo de doce, la alergia sin firmar, lo que hay que tener a punto.Y la firma la pones tú. Con un toque.
Lo que estarás pensando
Las dudas que no me has dicho.
Lo que vas a pagar
Cómo se cobra, y por qué vale lo que vale.
Hay tarifa, y te la digo yo, en la llamada: en una frase y sin rodeos.
Antes prefiero que veas lo que hace y lo que hoy se te escapa, para que sepas qué estás comparando.
Te cobro dos cosas, y te repercuto una tercera a precio de coste. Ninguna se parece a las otras.
Una puesta en marcha, al arranque. No es un producto: es trabajo — horas de montar tu casa dentro del sistema. La mitad a la firma, la mitad a la entrega, con su lista de entregables y sus fechas firmada antes de empezar, y con un tope: por mucho que se complique tu caso, el arranque no se dispara.
Y una cuota mensual por local. Fija. No es una comisión por reserva, ni un porcentaje de lo que vendas: no sube porque tengas una buena temporada, ni porque entren más comensales, ni porque MARTIN acierte más.
Y hay una tercera: lo que cuesta la inteligencia que conversa. Esa la contratamos nosotros —tú no abres cuentas ni das claves de nada— y te la pasamos a lo que nos cuesta, sin poner un céntimo encima: el trabajo de gestionarla ya está en tu cuota. La ves en tu panel, al día.
Y una cuarta que no te cobramos nosotros: tu WhatsApp es tuyo y te factura Meta, igual que tu datáfono. Ni tu dinero ni tu canal pasan por nosotros.
Eso es MARTIN entero, el nivel que se presenta. Si tu web es el problema, hay otro: la web la hacemos nosotros — va aparte, por clases, con sus hitos fechados. Se ve mirando tu web, no rellenando nada.
La web de SUPREMO · tres clases
Cada una incluye la anterior y eliges una. Lo que se hace lo acordamos contigo antes de empezar, después de mirar juntos tu web: cada hito por escrito, con su nombre, su importe y su fecha.
Clase 1
Puerta
Las reservas empiezan en tu web, no en un portal.
- Tu dominio, a tu nombre
- Tu web actual, con tu contenido y tus fotos, dentro del sistema
- El botón «Reservar por WhatsApp», al WhatsApp de tu restaurante: allí contesta MARTIN en tu nombre
- QR en las mesas: reseñas públicas y sugerencias privadas — y con ellas tus campañas y cheques regalo
- Lo básico para que te encuentren en buscadores
Hitos · La puerta · El circuito
Caso tipo · Una casa con clientela fija cuya web de hace años manda a reservar a un portal.
Clase 2 · incluye la 1
Historia
Tu web cuenta quién eres, en el idioma de quien la lee.
- El relato de tu casa, contado en escenas
- La web en castellano, inglés y francés como mínimo
- Preparada para que buscadores e inteligencias artificiales la entiendan y puedan citarla
Hitos · El relato · La puerta en su idioma · Descubrible por agentes
Caso tipo · Una casa en zona turística, con media sala extranjera y la web solo en castellano.
Clase 3 · incluye la 2
Firma
Tu marca en todo: la web, tu panel y los correos que reciben tus clientes.
- Identidad visual propia y su manual de marca
- La web hecha como obra, no sobre una plantilla
- Sonido propio, con la prueba de autoría a tu nombre
Hitos · La identidad · La web como obra · El sonido
Caso tipo · Un restaurante de autor que quiere que la confirmación de una reserva se lea como su casa, no como un programa.
Por qué vale lo que vale
Lo que compras cada mes no es un programa.
Es que el sábado a las once alguien contesta, y no eres tú.
Es que la alergia de la mesa doce está firmada antes de que salga el plato.
Es que el grupo de quince te llega resuelto, no como una llamada en mitad del servicio.
Es que tu equipo le habla como a un socio, sin manual.
Es que tu cliente recibe confirmación y recordatorio sin que nadie se acuerde.
Y es que nada de eso pasa por una comisión ni por un banco que no sea el tuyo — y corre en una infraestructura dedicada a tu restaurante.
Cada mes, en tu panel, ves lo que hizo. Lo demás lo notas tú.
Y eres de los primeros, que aquí significa algo concreto: este precio se está fijando con las primeras casas — la tuya entre ellas. Tu cuota por local se congela contigo el día que firmas, y no sube mientras ese contrato siga vivo — ni porque entren más comensales. No es un descuento: es que no te alcanza lo que venga detrás.
En la llamada te digo el número y miramos si MARTIN puede ser tu libro. Y si no puede, te lo digo yo.
Lo que el TPV sabe, y lo que no
Cobrar una mesa no significa que esté libre.
El TPV sabe cuándo se cobró. MARTIN necesita saber además cuándo esa mesa vuelve a estar lista para recibir a alguien — porque entre una cosa y otra hay que desbarazar, limpiar y montar. Para una caja la mesa termina cuando se cobra; para tu sala, ahí empieza lo siguiente.
Y con el dinero hace lo mismo que con todo lo demás: te dice de dónde sale el dato. Hoy la facturación la declara tu equipo y MARTIN la muestra como declarada. El día que conectes tu TPV, la leerá de caja y la mostrará como realizada. Nunca presenta una estimación como dinero cobrado.
Esa conexión no viene puesta: se hace con tu proveedor, uno a uno. Te lo cuento yo ahora para que no lo descubras después.
«Ya tengo un sistema de reservas y va bien.»
Seguramente sí. Los libros de hoy hacen bien lo suyo: guardan la mesa, cobran la señal, avisan al que no confirma. No venimos a decirte que el tuyo es malo. Solo a que mires dos líneas de su letra pequeña: qué tiene que hacer tu cliente para cancelar, y qué tiene que hacer para cambiar la fecha o para pasar de doce a quince. ¿La segunda dice que te llame? Esa llamada la coge alguien de tu casa —y todas las de ese día, en mitad del servicio—. No es un defecto de tu sistema: es cómo está pensado el oficio, donde el libro guarda la mesa y la conversación la pones tú. Nosotros lo pensamos al revés: MARTIN no se pone encima de tu libro — MARTIN ES el libro, y atiende la conversación y mueve la mesa en el mismo gesto, sin que tu cliente tenga que llamar a nadie.
«¿Y cuando son quince?»
Por encima de cierto número, en casi cualquier libro la reserva deja de ser una reserva y pasa a ser una solicitud: un formulario, un correo, alguien que ya te llamará. Nosotros también tenemos ese número — y lo pones tú. La diferencia es lo que pasa después. MARTIN no te manda un aviso para que empieces tú el trabajo: te lo da hecho. Recoge el día, la hora, cuántos son y lo que te hayan contado, calcula qué mesas habría que juntar y te lo deja resuelto en el panel. Tú miras y apruebas. En cuanto lo haces, MARTIN le contesta a tu cliente con la mesa y la señal — sin que nadie descuelgue el teléfono. Y eso importa porque mientras tu grupo espera, está preguntando en otro sitio: la mesa se la lleva quien contesta primero.
«¿Y cuando no sepa algo?»
No se lo inventa. La máquina decide y la IA solo redacta: jamás promete una mesa que no existe. Lo que no tiene confirmado te lo pasa a ti — con la conversación ya resumida, no un marrón a medias.
«¿Va a sonar a robot con mis clientes?»
Habla como habla tu casa: con tus palabras, tus platos, tu tono — se aprende en la puesta a punto. Y no te pedimos creerlo: sube y pregúntale tú al restaurante que no existe.
«¿Qué pasa con los datos de MIS clientes?»
Son tuyos. Viven en un servidor dedicado a tu restaurante, que no compartes con nadie — no en una plataforma de terceros. No entrenamos modelos con ellos — y eso te lo damos por escrito, no de palabra: el DPA lo llevamos nosotros a la firma, con subencargados y qué IA procesa qué, listados antes de la firma.
«¿Responde también el teléfono?»
No. El teléfono de tu barra no lo ve — te lo decimos claro. Su canal es WhatsApp, donde tu cliente ya escribe. La llamada que hoy se pierde es parte de lo que empuja a la gente a escribir — y ahí sí contesta siempre.
«¿Y mi delivery?»
No es su terreno: eso ya lo registran tus plataformas. MARTIN trabaja la demanda directa —reserva, sala, el cliente que vuelve—. Es donde está lo que se te escapa.
«¿Y si un cliente pregunta por un alérgeno?»
MARTIN registra la declaración con las palabras de tu cliente, avisa a sala y cocina, y exige firma con nombre y hora antes de que salga el plato. Lo que lleva cada plato lo confirma tu cocina — eso no lo firma una máquina.
«¿Y si quiero salir?»
Sin permanencia: te vas cuando quieras y lo apagamos nosotros, sin llamadas de retención. Tus datos, tu dominio y tu contenido se van contigo — volcado completo, formato estándar. El software es nuestro y lo usas mientras trabajemos juntos. Salir de MARTIN no te deja sin canal: te deja donde estabas.
«Ya tengo un sistema de reservas y va bien.»
Seguramente sí. Los libros de hoy hacen bien lo suyo: guardan la mesa, cobran la señal, avisan al que no confirma. No venimos a decirte que el tuyo es malo. Solo a que mires dos líneas de su letra pequeña: qué tiene que hacer tu cliente para cancelar, y qué tiene que hacer para cambiar la fecha o para pasar de doce a quince. ¿La segunda dice que te llame? Esa llamada la coge alguien de tu casa —y todas las de ese día, en mitad del servicio—. No es un defecto de tu sistema: es cómo está pensado el oficio, donde el libro guarda la mesa y la conversación la pones tú. Nosotros lo pensamos al revés: MARTIN no se pone encima de tu libro — MARTIN ES el libro, y atiende la conversación y mueve la mesa en el mismo gesto, sin que tu cliente tenga que llamar a nadie.
«¿Y cuando son quince?»
Por encima de cierto número, en casi cualquier libro la reserva deja de ser una reserva y pasa a ser una solicitud: un formulario, un correo, alguien que ya te llamará. Nosotros también tenemos ese número — y lo pones tú. La diferencia es lo que pasa después. MARTIN no te manda un aviso para que empieces tú el trabajo: te lo da hecho. Recoge el día, la hora, cuántos son y lo que te hayan contado, calcula qué mesas habría que juntar y te lo deja resuelto en el panel. Tú miras y apruebas. En cuanto lo haces, MARTIN le contesta a tu cliente con la mesa y la señal — sin que nadie descuelgue el teléfono. Y eso importa porque mientras tu grupo espera, está preguntando en otro sitio: la mesa se la lleva quien contesta primero.
«¿Y cuando no sepa algo?»
No se lo inventa. La máquina decide y la IA solo redacta: jamás promete una mesa que no existe. Lo que no tiene confirmado te lo pasa a ti — con la conversación ya resumida, no un marrón a medias.
«¿Va a sonar a robot con mis clientes?»
Habla como habla tu casa: con tus palabras, tus platos, tu tono — se aprende en la puesta a punto. Y no te pedimos creerlo: sube y pregúntale tú al restaurante que no existe.
«¿Qué pasa con los datos de MIS clientes?»
Son tuyos. Viven en un servidor dedicado a tu restaurante, que no compartes con nadie — no en una plataforma de terceros. No entrenamos modelos con ellos — y eso te lo damos por escrito, no de palabra: el DPA lo llevamos nosotros a la firma, con subencargados y qué IA procesa qué, listados antes de la firma.
«¿Responde también el teléfono?»
No. El teléfono de tu barra no lo ve — te lo decimos claro. Su canal es WhatsApp, donde tu cliente ya escribe. La llamada que hoy se pierde es parte de lo que empuja a la gente a escribir — y ahí sí contesta siempre.
«¿Y mi delivery?»
No es su terreno: eso ya lo registran tus plataformas. MARTIN trabaja la demanda directa —reserva, sala, el cliente que vuelve—. Es donde está lo que se te escapa.
«¿Y si un cliente pregunta por un alérgeno?»
MARTIN registra la declaración con las palabras de tu cliente, avisa a sala y cocina, y exige firma con nombre y hora antes de que salga el plato. Lo que lleva cada plato lo confirma tu cocina — eso no lo firma una máquina.
«¿Y si quiero salir?»
Sin permanencia: te vas cuando quieras y lo apagamos nosotros, sin llamadas de retención. Tus datos, tu dominio y tu contenido se van contigo — volcado completo, formato estándar. El software es nuestro y lo usas mientras trabajemos juntos. Salir de MARTIN no te deja sin canal: te deja donde estabas.
El alcance — porque también te lo estarás preguntando
Un sistema, dos alcances. No dos calidades.
PROFESIONAL
El sistema entero trabajando tu mesa vacía por las tres vías: la previene con recordatorios, la retiene con depósito cuando tú quieras, y la reoferta con la lista de espera que avisa sola al siguiente.
SUPREMO
Todo lo anterior, más tu web hecha por nosotros — y con ella el circuito que solo existe dentro del mismo código: reseñas, permisos, campañas y cheques regalo. La web va aparte, por clases y con hitos fechados — y la cuota de este nivel es la misma elijas la clase que elijas.
El que se presenta es PROFESIONAL. No te vamos a decir cuál es el de «una casa como la tuya» sin haber mirado tu casa. SUPREMO entra cuando tu web es el problema — y eso se ve mirando tu web, no rellenando nada.
¿Cuándo NO te hace falta MARTIN? Si tus reservas entran bien por teléfono, no pierdes llamadas y nadie te falla los sábados — sigue así. En serio.
Lo que no te voy a contar
Lo que todavía no puedo demostrarte.
Todavía no hay clientes de pago. Lo digo yo antes de que lo preguntes.
Tus mesas las llevo yo, y solo yo: dos libros sobre las mismas mesas son una doble reserva esperando a ocurrir.
Si tu casa va llena todas las noches no puedo medir limpio lo que MARTIN te trae — y no te prometo lo que no podría enseñarte. Lo que sí puedo enseñarte, lo mides tú, en tu panel.
Y el teléfono lo sigues cogiendo tú. Lo que entre por ahí lo apuntas en el mismo libro — y cuanto más vive en el libro, más contexto tiene lo que propone.
La apuesta, otra vez
No hace falta que me creas.
Quiero ver si tu casa encaja.
1
Pruébalo ahora
El restaurante que no existe está ahí arriba: reserva como un cliente, intenta liarlo, mira cómo te contesta. Y cuando te dé acceso, su panel — el del dueño.
2
Hablamos 15 minutos
Con quien lo construye, no un comercial. Tu caso concreto: tus canales, tus números, y si MARTIN encaja o no en tu casa.
3
Con lo tuyo, solo si lo pides
Si encaja, montamos MARTIN con tus mesas, tus horarios y tu número. Si no, aquí no ha pasado nada.
Y el lunes abres el panel sabiendo lo que pasó — y lo que estuvo a punto de escaparse.
Y el sábado, cuando cierres, te irás sin la sensación de que algo se queda sin vigilar.
Se abre tu WhatsApp · te contesta SIANTRA Intelligence, un asistente con IA · si prefieres una persona, se lo dices y te paso
Pídeme el acceso — un formulario, sin chat →Ver cuánto se me va hoy →Con tus números · sin dejar ningún dato · y te llevas el PDF detallado
P.D. Si calculas lo que se te va, ya tienes la cifra que importa: la tuya. La otra te la digo yo, en la llamada. Y si al mirar tu casa vemos que no encaja, te lo decimos nosotros.
Trabajamos con pocas casas a la vez — cada implantación la hace la misma persona que te coge la llamada. Sin countdown: te contamos cómo va la cola.
Los datos de tus clientes son tuyos: no los usamos para nada que no sea tu restaurante. Política de privacidad
SIANTRA · contacto@siantra.com






